VIII Semana de la Diversida Sexual México DF, del 25 al 30 de mayo 2009.
Pasaré a exponer brevemente los temas que pudimos recoger en el marco de este importante evento que contó con el auspicio de casi cien agrupaciones ―entre instituciones, organizaciones de la sociedad civil, instancias gubernamentales y grupos independientes―, pero que lamentablemente no conllevó una afluencia masiva del público a pesar de la variedad de temas abordados y de la importancia de los mismos para la sociedad en general.
La Dra. Nataxta Carreras Sendra presentó la ponencia “Discriminación y violencia por clase social y género: travestis, ficheras y taiboleras”, en la cual hizo una presentación del grupo “Las locas de la seis”, un grupo de vestidas, llamadas así porque en sus palabras “se visten de mujer todo el día” (también conocidas bajo el nombre de travestis aunque ellas no utilizan ese apelativo), de la ciudad de Puebla, con las que viene trabajando hace ya siete años. Este colectivo inició con un número de alrededor de cuarenta y cinco integrantes y hoy en día son sólo trece; la mayoría han sido mermadas por actos de violencia fatídicos, por la pandemia del VIH-SIDA o por complicaciones de los implantes de siliconas. Su promedio de vida no pasa de los 45 años. Dada su cercanía con la muerte, por encontrarse en riesgo por todas estas razones, la mayoría venera a la Santa Muerte, por lo que el día de celebración más importante para ellas es el 2 de noviembre.
Este grupo se dedica a la prostitución, que como no es reconocida legalmente, pero sí permitida socialmente, conlleva muchos riesgos para quienes la ejercen. En el estudio comparativo que hace Carreras entre travestis, taiboleras (bailarinas nudistas en Table Dance) y ficheras (mujeres de compañía en bares donde el cliente debe comprar una ficha y con ella solicitar a la mujer que baile con él o se siente a tomar una copa); las que se encuentran en una situación más vulnerable son las travestis porque son las más pobres, las más estigmatizadas (de parte de los grupos gays), por ejercer el comercio sexual y por ser al mismo tiempo muy llamativas, haciendo siempre resaltar su presencia. Ellas deben pagar a los policías que rondan su zona de trabajo una cuota para que las dejen ejercer su oficio, ello no las libra de ciertas agresiones verbales o físicas. De ahí que tanto ficheras como taiboleras tenga una situación más segura por laborar en un espacio cerrado y por contar con un contrato laboral. Los riesgos mayores se presentan cuando (tanto ficheras como taiboleras) salen de sus locales para dar algún servicio sexual. En el caso de las travestis que no tienen ninguna clase de seguridad laboral y que deben ejercer siempre en la vía pública el riesgo es mucho mayor.
La situación de “Las locas de la seis” es muy similar a la vivida en otros países por las travestis, la prostitución sigue siendo el espacio privilegiado donde se desenvuelven debido a la falta de oportunidades laborales, al rechazo social y a una moral hipócrita. Es sintomático en este caso el culto a la muerte, lo cual da cuenta de cierto derrotismo, de una aceptación fatalista de su condición liminal. Se trata a su vez de una postura peligrosa en la medida que impida la protección personal y la lucha por sus derechos.
La Soc. Angie Rueda Cstillo presentó la ponencia titulada “Problemática sobre discriminación y violencia hacia la comunidad transgénero, transexual y travesti”. En su exposición quedó claro que la T tiene más que ver con el género que con el sexo, así como que es el miedo el principal móvil del prejuicio y de la discriminación que se ejerce contra la comunidad trans. Una propuesta muy interesante que planteó Rueda Castillo fue la de crear un “Observatorio de los medios de comunicación” para denunciar la constante discriminación, parodia y degradación que se hace de la figura de los travestis, transexuales, transgénero, pero también de los gays y lesbianas (a lo cual añadiríamos de las mujeres, indígenas y todos los grupos vulnerabilizados). Cada ciudadano y ciudadana sería así un observador y por tanto un acusador de estos estereotipos validados en los medios de difusión masivos, los cuales serían denunciados en medios alternativos para genera una sinergia positiva que intimide y a la larga erradique este tipo de imágenes degradantes y nefastas para la población trans y para la población en general.
Esta propuesta me parece más que sugerente, puesto que muy pocas veces se asume el espacio de la cultura y de lo simbólico como un ámbito en el cual incidir para generar cambios en la forma de pensar de la población. La posibilidad de que la sociedad toda sea fiscalizadora de las imágenes negativas que degradan y perpetúan la marginación ejercida hacia distintos de sus miembros permite por un lado reconocer la representación como un medio de ideología, segundo que las personas tengan un rol activo en la construcción de sus referentes simbólico y en tercer lugar influir de manera positiva hacia la construcción de una sociedad más equitativa y menos discriminadora.
En su presentación, “Discriminación y violencia entre parejas LGBTTT”, el Lic. Gabriel Gutiérrez García habló del “otro clóset”, aquel que se presenta ante los actos de violencia doméstica e intrafamiliar en el seno de la comunidad LGBT. El principal problema que afrontan quienes padecen esta violencia es que no tienen un lugar a donde acudir, los espacios de prevención y consejería están destinados a hombres y mujeres, no están preparados para recibir a la comunidad LGBT, puesto que no hay una política específica hacia ellos.
Por miedo a ser abandonado por la pareja, por la dependencia económica o afectiva, no es fácil dejar una situación de abuso. La violencia no respeta género o grado académico, el activismo LGBT no es una vacuna contra ella. A su vez hay una incomprensión y justificación en la “desviación” sexual o genérica, que haría blanco de cualquier degradación a los colectivos LGBT, en el imaginario social. Un hombre gay que ha sufrido violencia doméstica por parte de su pareja tiene que oír de parte de su familia, no la palabra de apoyo que espera, sino la sentencia de que “si te hubieras metido con una mujer esto no te hubiera pasado”.
Se hace evidente por tanto que los programas de prevención y erradicación de la violencia familiar tienen que pensar en la comunidad LGBT para generar políticas específicas. Ello implicaría en primer lugar que los reconozcan legítimamente como familias, en segundo lugar que se desestime el prejuicio por el cual en ellos y ellas estaría justificada la violencia o el abuso; nadie merece vivir en violencia, la vida libre de violencia es un derecho humano y la sociedad y el Estado debe trabajar para garantizar el acceso a la paz y la tranquilidad de las personas en el seno familiar. En tercer lugar, implicará también que la misma comunidad LGBT hable del tema, que no lo mantenga en silencio y que demande y busque espacios de socialización y apertura para tratar este mal y sobretodo un mal mayor que es la homofobia y transfobia internalizada, que en algunos casos es la causante de esa violencia, como correlato de un sistema y de una sociedad que no le da lugar a las identidades LGBT. Está claro que la violencia no ocurre por sí sola, por generación espontánea, sino que es producto de un ámbito social y es por tanto en ese ámbito donde debe también ser atendida.
Como afirmó la Mtra Diana García en su presentación “Exclusión e integración de las personas bisexuales”, la bisexualidad es dentro de la comunidad LGBT una de las más discriminadas, porque no se habla de ella, porque no hay espacios de diálogo y porque no se encuentra una colectividad organizada en torno a dicha adscripción. Se piensa que las personas bisexuales no saben lo que quieren, la misma gente de ambiente la rechaza.
Existe también un problema para definir la bisexualidad como tal, los acercamientos a un concepto siempre se dan en negativo o de manera esquiva. También es posible encontrar definiciones absurdas como aquella que dicta que la bisexualidad es el haber tenido la mitad de parejas masculinas y la mitad de parejas femeninas en el recorrido afectivo de una persona. Sin embargo, la mitad, el exacto 50-50 no parece una opción válida, al menos no es por un hecho cuantitativo que se define la bisexualidad. García propone la posible definición de la bisexualidad como una opción erótica afectiva en la que las diferencias de sexo y de género dejen de ser determinantes. Pues hay que desechar la idea de que la bisexualidad es la simple atracción por hombres y por mujeres, o la combinación de prácticas homosexuales y heterosexuales. Una persona bisexual puede diferir en la forma de enamorarse o tener relaciones sexuales, puede sentirse atraída físicamente por unos(as), pero sólo ser capaz de genera relaciones afectivas con otros(as). Ello sería sólo un rasgo de esa complejidad.
Existen diferentes mitos sobre la bisexualidad. Uno es que las y los bisexuales se sienten atraídos por todos los hombres y todas las mujeres. Otra es que llevan relaciones paralelas entre hombres y mujeres. Tiene que quedar claro que la bisexualidad no elimina la capacidad de elección ni implica la poligamia, también es dable que se establezcan relaciones monogámicas. La preferencia sexual no determina el tipo de relación que se establece sino la ruta de vida de cada quien. Se cree que la bisexualidad es un estado de tránsito de la heterosexualidad a la homosexualidad, pero ello no es una regla, se dan casos, pero también los inversos y también aquellos en que no es ni una cosa ni la otra.
Por todos estos mitos, la bisexualidad conlleva una doble discriminación, de parte del colectivo LGBT y de parte de los heterosexuales. Los grupos LGBT piensan que los bisexuales tienen privilegios que ellos no tienen, los heterosexuales piensan que la bisexualidad es un acto amoral. No existen espacio de diálogo, ni de reflexión, ni apoyo en los centros de salud o educativos para albergar y recibir a las personas bisexuales.
La bisexualidad es simplemente otra forma de canalizar el deseo erótico y tiene su correlato negativo, la bifobia que los afecta día a día, en el marco de una sociedad que rechaza esa identidad como válida. Estos prejuicios detienen investigaciones serias sobre bisexualidad, debido a la lógica binaria mutuamente excluyente, bajo la cual no existe la posibilidad de un punto intermedio. En la bisexualidad las personas se identifican con algo que no es mutuamente excluyente, de ahí la dificultad de reflexionar sobre ella porque rompe con los paradigmas de la homosexualidad y la heterosexualidad. La identidad bisexual nos está invitando a aceptar que entre una realidad y su contraria pueden existir diversas opciones.
Queda así establecido que el camino de la identidad sexual no es único ni fácil. La identidad parte de lo individual hacia lo colectivo, no puede escapar de esa relación. Por tanto, hay que buscar varias formas de sentirse cómodo en una identidad. Se debe leer y reflexionar sobre la identidad, como algo distinto de su construcción política y colectiva, que también es necesaria. Cada quien asume la identidad en el momento que puede, no hay una teoría bisexual o un manual, es algo que se va construyendo, se va recreando y creando también desde los aportes del feminismo y el discurso de los derechos humanos, así como de la diversidad sexual y de género.
Un gran reto es reconocer que todos y todas discriminamos, que es uno de los principios que sustentan la sociedad en la que vivimos. Pero reconocerlo y combatirlo es un paso hacia una vida libre de discriminación. No se debe caer en la victimización eterna, ni la desconfianza entre los mismos colectivos organizados, es necesario evitar la desunión y trabajar en conjunto para tener mayor fuerza.
La Lic. Hazel Gloria Davenport presentó la problemática sobre “Salud sexual y reproductivaen la persona transgénero”. En su recorrido diferencia los derechos relativos a la salud sexual como son el derecho al disfrute y autonomía del cuerpo, al placer sexual, al orgasmo y al erotismo; y los derechos relativos a la salud reproductivo a la que corresponden el derecho a la pareja, a la reproducción y a la reproductividad. Considerando esto y la realidad corporal de las personas transgénero, una ley que sus derechos en el marco de la salud sexual y reproductiva tendría que partir del reconocimiento a su identidad, fomentar el respeto a las familias que formen y sobre todo no obligar a ninguna modificación anatómica o quirúrgica como requisito para el otorgamiento de derechos civiles.
La vivencia erótica desde la transgeneridad es nueva, compleja, requiere una adaptación y compresión de la misma persona transgénero como de la pareja, especialmente ante los efectos hormonales, la construcción de una nueva sexualidad y erotismo en relación al cuerpo que está construyendo. Como muchas personas transgénero no alteran sus genitales pueden tener hijos, por tanto el reconocimiento de su pareja y de sus hijos, así como a las familias que formen es indispensable. También es un derecho el reconocimiento de la familia biológica de la que provienen.
Muchos programas que combaten el VIH-Sida conciben a la población transgénero dentro de los hombres que tienen sexo con hombres, ello es una actitud transfóbica. Es necesario generar tratamientos específicos para mujeres transexuales y hacer programas específicos de prevención para personas transexuales. Aunque las actuales leyes del DF permiten el acceso a la identidad elegida mediante la modificación de las actas de nacimiento, niegan el acceso a la salud. Por tanto, los peritajes médicos y psicológicos requeridos para el cambio de identidad debe ser costeado por las propias personas trans, que así se ven sometidas a empresarios y especialistas privados que venden “paquetes todo incluido” para el cambio de identidad que incluye también el peritaje y el abogado.
En conclusión, “el abordaje de los derechos sexuales y los derechos reproductivos de las personas transgénero involucran la obligacion del Estado en el respeto a su propia identidad de género, a sus capacidades reproductivas y a su libre decisión sobre ellas. El estado debe garantizar el derecho a la salud frente a la naciente industria privada de la identidad transgénero. El gobierno del distrito federal debe abrir el acceso a la salud a personas transgenero y comprender que ésta no se refiere solo a modificaciones genitales. debe dejar de pensar en penes y vaginas y recordar que también existen corazones”.
A su vez, fue muy interesante la conferencia magistral de Mons. Raúl Vera López de la Diócesis de Saltillo sobre la postura de la teología de la liberación sobre la diversidad sexual. La teología de la liberación reconoce a la persona y surgió para devolver a los pobres la fe y el lugar que deben ocupar en la sociedad, para romper las alianzas entre el poder y la Iglesia. La teología de la liberación descubre al pobre y al pueblo como lugar teológico, se le da importancia a la experiencia de Dios que había en el pueblo, a la solidaridad y al amor que existe en todos los grupos humanos. Gustavo Gutiérrez planteó que se debe liberar a las personas de la situación de opresión, creando conciencia en la misma gente. La teología de la liberación está comprometida con la persona y con la abolición de todas las formas de opresión. No puede haber progreso si no progresamos todos y todas, no puede avanzar el mundo si unos se quedan atrás, pues la dignidad y la grandeza humana está en cada persona. Por tanto se debe trabajar en comunidad por la dignidad por la diversidad sexual, por una vida diferente. A toda persona se le debe respetar, sin importar con quién se acueste o cómo se defina. Se debe reintegrar a Eros en la religión, porque es parte constitutiva del ser humano. La Iglesia tiene que asumir que es un hecho la diversidad sexual y debe apostar por el cambio y la transformación social, como ha sido siempre su propósito. Es la persona y su riqueza como ser humano lo que cuenta, se la respeta por lo que es como persona.
Esta mirada desde la teología de la liberación es realmente liberadora, frente a posturas dogmáticas, estáticas y ciegas a la realidad en la que vivimos, frente a una Iglesia que no reconoce sus errores, que encubre a los pederastas que se opone a los derechos humanos porque los considera un retroceso en los valores, aunque en realidad el problema son los valores arcaicos y anacrónicos que mantiene de espaldas al clamor de la sociedad, para perpetuar la supremacía de los poderosos sobre los oprimidos. Es alentador entender que desde la religión hay aliados en la lucha por la libertad, por el deseo y por el derechos a la diversidad sexual y de género.
Todo este despliegue de ideas suscitó preguntas del público, pero también hubieron muchos que levantaron la palabra para contar su experiencia personal, lo que nos parece indicar que los espacios de socialización y diálogo siguen siendo escasos. A su vez, fue interesante la presencia de personas de distintas edades, procedencias, profesiones y trayectorias de vida interesadas en saber más sobre la diversidad sexual. Confiamos en que poco a poco las y los convocados sean más, lo cual estamos seguro redundará en beneficio de una sociedad más incluyente.
Debido a la importancia de difundir estudios novedosos en temas de diversidad sexual, por la falta de sistematización, de análisis y de socialización de experiencias, iremos publicando algunas de estas ponencias para que puedan ser revisadas directamente por los lectores y lectoras. Esperamos que sea un pretexto y una excusa para seguir avanzando en el conocimiento y la práctica de la diversidad sexual y de género.
Bethsabé Huamán Andía

